EL SANTIAGUERO DESI ARNAZ
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- 10 nov 2025
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Del libro Con una lata y un palo. Panorama de la música cubana, Tony Pinelli / Desi Arnaz/ Música cubana / Historia de la música cubana / Rumba / televisión / I love Lucy / Conga
La Cuba de los años treinta no era un lugar seguro para nadie, con la feroz dictadura de Gerardo Machado y Morales, a quien el inmenso poeta Rubén Martínez Villena le tatuó en la historia el Asno con garras, por lo que, a la partida del país por motivos económicos, tan común en Cuba como en casi todas partes del mundo, se sumó el interés de poner mar de por medio, de los políticos, porristas, matones y torturadores que empleaba el régimen machadista, según el caso.
Así que no es de extrañar que una familia que gozaba de cierto acomodo en Santiago de Cuba, emigrara a Estados Unidos con un hijo nacido el 2 de marzo de 1917, porque un joven de 16 años peligraba en un ambiente como el que Cuba experimentaba en aquel momento, pues su abuelo Desiderio Alberto Arnaz y de Acha había sido alcalde en la dictadura de Machado y su padre un furibundo machadista, por lo que en 1933, cuando ocurre el derrocamiento de la dictadura, tiene que emigrar.
Ya a esa edad comienza a trabajar en varios oficios en la ciudad de Miami, hasta que es aceptado como guitarrista por el Sexteto Siboney. De buena figura y musicalidad, Desiderio, que así se llamaba aquel muchacho, siguió adentrándose en el campo de la música latina en el poderoso país vecino y llegó a Nueva York, donde trabajó con la famosa orquesta del catalán de origen, Xavier Cugat, con quien estuvo un tiempo que aprovechó sobremanera, como ya fue su característica de toda la vida. No obstante, volvió a Miami con un sentido mayor del espectáculo y tuvo tanto éxito, que decidió volver a Nueva York a formar su propia banda. Quizás el «Desiderio» le sonó un poco guajiro o demasiado latino, por lo que a partir de entonces, Desiderio Alberto Arnaz y de Acha III, se convirtió en Desi Arnaz, en la época exacta que otro cubano: Miguelito Valdés arrasaba con su potente voz y su presencia escénica tocando tumbadora, la misma línea de Desi, pero este no se conformó con los salones bailables, siguió intentando caminos y logró entrar en Too many girls, una obra musical nada menos que en Broadway, ya la Meca de ese tipo de espectáculos. Su compañera en la obra fue una boricua de nombre Juana de Dios Castrelo, la famosa Diosa Costello para el público, bella mujer, actriz, cantante, productora y dueña de The Latin Bombshell un night club de éxito.
Desi se lució al punto que en 1939, la obra (y él con ella) es llevada al cine y el santiaguero entra en Hollywood, pero sin Diosa, que prefirió quedarse en Nueva York para atender sus boyantes negocios, y Desi parte solo hacia Los Ángeles, donde conoce a Lucille Ball, todavía lejos de ser considerada por los críticos una de las mejores y más completas actrices en el campo de la comedia musical, como llegaría a ser más tarde, y en un romance hollywoodense, se enamoraron y se casaron el 30 de noviembre de 1940.
Desi siguió haciendo películas, trabajando en tres largometrajes, pero durante la Segunda Guerra mundial, es llamado al ejército y se enrola, aunque por un antiguo accidente en una rodilla, acaba trabajando activamente en el entretenimiento de las tropas, fundando incluso otra orquesta, o sea, se reencontró con la música, incluso después de la guerra, cuando trabajó como director del grupo que tocaba en los programas de Bob Hope.
Ya albergaba un sinfín de ideas en la cabeza, conocía muy bien el negocio y tenía conciencia del mundo latino y su lucha por integrarse a la difícil sociedad del país desarrollado adonde había ido a parar, y quizás basado en todas estas cosas, lucha con denuedo hasta que en 1949 comienza el camino para un programa de TV que pudo estrenar contra viento y marea en 1951: I Love Lucy.
A pesar de un innegable reconocimiento de Lucille Dessiré Ball Morton y de que él no era ningún desconocido, la empresa CBS no estaba convencida de permitir que la serie saliera al aire, pues los prejuicios de la época, les hacían dudar el presentar al público una pareja de una pelirroja norteamericana y un latino cubano. Por supuesto, en el latino no confiaron para dirigir el programa, que se estrena con Jess Oppenheimer, Madeline Davis y Bob Carroll Jr. como creadores, aunque en la producción sí aparecía Desi Arnaz con Jess Openheimer.
Los actores principales eran Lucille Ball, en el papel de Lucy Ricardo, y Desi Arnaz, en el de Ricky Ricardo. Ella, un ama de casa con la cabeza llena de nubes e ideas disparatadas; él, director de orquesta, y Desi supo aprovechar lo que la CBS consideraba un defecto: su acento cubano —pecado para la crítica generalizada de los programas televisivos— que él acentuaba aún más, en la caracterización del personaje. Como contrafigura, aparecía un «matrimonio», interpretado por los actores Vivian Vance, en el papel de Ethel Mertz, una vecina que actuaba con mayor serenidad, pero que al final era arrastrada por Lucy en sus ideas descabelladas, y William Frawley, en el del esposo de Ethel, Fred Mertz, por supuesto, compinche de Ricky Ricardo en contra de las locuras de sus esposas.
Con una trama que se movía en situaciones brillantes y la rutina —hoy ingenua— propia de la época, I Love Lucy ganó cinco premios Emmy entre una serie de nominaciones constantes.
En 2002, ocupó el segundo lugar en la lista de TV Guide de los más grandes programas de televisión, detrás de Seinfeld y en el 2007, fue considerado entre los mejores cien espectáculos televisivos de todos los tiempos.
El matrimonio tuvo muchas dificultades propias de la unión de dos caracteres tan fuertes y dinámicos. Se mudaron del Oeste a Nueva York y crearon DELUSI, una productora que innovó y creó una serie de aspectos que después fueron pauta para las transmisiones de un sinfín de programas que hallaron en el modus operandi del mercadeo de Desi Arnaz, una puerta al futuro y la forma de enfrentar la imposición y el poder de los dueños de las televisoras. Adquirieron los derechos de retransmisión, que CBS a pesar de su poder no había previsto y aún hoy en día, en muchos estados de los EEUU y América Latina se retransmite I Love Lucy que le dejó millones a sus dueños.
Fue el primer programa que se filmó en 35 mm con público en vivo, aunque tuvo que luchar para conseguirlo pues los pesos pesados de CBS veían la filmación como una extravagancia del latino, al que no le concedían su real valía, Desi financió los equipos de filmación y alcanzó su propósito. Con el camarógrafo Karl Freund logró sacar con éxito los programas con presencia de público, y cuentan que fue el programa pionero de de CBS que se filmó con tres cámaras en el estudio, que por cierto era un estudio de audio. La adquisición de los derechos de filmación para la productora Delusi fue el comienzo de uno de los negocios más rentables en la historia de los medios audiovisuales.
El empuje de la pareja era irresistible, incluso, en la época que Lucille Ball estuvo embarazada se armó una lucha encarnizada con los directivos, que se negaban a que actuara en su estado, bajo el pretexto de que era ofensivo a las buenas costumbres, pero Desi consiguió que un rabino, un sacerdote católico y un ministro protestante, emitieran opiniones a favor de que no representaba nada malo ni ofensivo el hecho de que ella actuara así, y aunque salió esa etapa de la serie bajo el título de Lucy is enciente, con esa palabra francesa, porque no aceptaron Lucy is pregnant, adaptaron los libretos a la situación al punto, que el día que «nació» en el programa el pequeño Ricky Ricardo, el 13 de enero de 1953 hubo mayor rating de I Love Lucy que en la toma de posesión del presidente Dwight D. Eisenhower, que coincidió con la fecha, según reflejó el New York Times.
Produjeron una serie importante de películas y con su compañía compraron los estudios RKO, llegando a tener un capital activo de 15 millones de dólares en aquella época y una empleomanía superior a las ochocientas personas. Entre las películas que filmaron, introdujeron el estilo de conservar los derechos de reproducción, uno de los métodos más rentables para productores, escritores y artistas que cobran cada vez que se pone la obra hasta hoy día, que se considera parte vital de los llamados derechos conexos, aún increíblemente inexistentes en Cuba.
El día 2 de marzo de 1960, cuando Desiderio Arnaz cumplía 43 años, se filmaba el último episodio de I Love Lucy, después de 179 episodios de media hora y 19 especiales de una hora, con la hazaña de mantener un programa de intensa preferencia en el aire durante nueve años y haber creado una empresa rentable y vanguardia en una serie de aspectos que aún se consideran brillantes.
Quizás, el término de la serie se debió al término de su vida en conjunto, pero lo cierto es que veinticuatro horas después, Lucy presentó su demanda de divorcio. A pesar de lo fuerte de ambos caracteres, Lucy, quien le llevaba seis años a su marido, posteriormente le compró las acciones a Desi en 1962, por 3 millones de dólares y el santiaguero declaró que se retiraba a criar pájaros y escribir su autobiografía, a su finquita de 45 acres cerca de Los Ángeles.
No obstante, pocos meses después, pasó lo que todo el mundo profesional sabía, la gran Lucille Ball, a pesar de su reconocida estatura artística, sin Desi no era lo mismo, así que lo llamaron a California, para que fuera el productor del nuevo show de su ex esposa The Lucy Show, lo que Desi aceptó y se mantuvo en el mundo de la televisión y el espectáculo hasta los años setenta.
Los dos siguieron sus vidas manteniendo cordiales relaciones, aunque los chismes de farándula decían que era más por sus dos hijos, Lucy y Desi, pero lo cierto es que tienen que haberse querido mucho a pesar de la fuerza de sus caracteres dominantes y emprendedores. Él se casó en 1963 con Edith Mack Hirsch y Lucile, ya lo había hecho con Gary Morton en 1961.
Detrás de sus veinte años de matrimonio con Lucy, Desi dejó dos estrellas en el Paseo de la Fama de Hollywood, una por su labor en el cine y la otra, en la TV; la aceptación de un latino conviviendo con una estadounidense de manera legal y aceptada a pesar de los recalcitrantes; una serie de innovaciones que todavía están vigentes y la eficiencia y el éxito como hombre de negocios y creador en el mundo del espectáculo.
¡Vaya aventura la del santiaguero! Desi Arnaz murió de cáncer de pulmón en Los Ángeles, a los 69 años, el 2 de diciembre de 1986, y la última persona en hablar con él fue Lucy, que lo llamó dos días antes de su muerte, después ya cayó en coma. Tres años más tarde, el 26 de abril de 1989, Lucy fallecía también en Los Ángeles, a los 77 años de edad.
La vida lo llevó lejos de su Santiago natal, pero se mire como se mire, es y será un orgullo santiaguero, es decir, un orgullo nuestro, de los cubanos donde quiera que vivamos.













