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¿Quién asesinó a Jaime Partagás?

Los últimos días de Jaime Partagás novela de Miguel Sabater Reyes


Detrás de la marca de habanos más famosa del mundo —Partagás— se esconde una historia real que supera cualquier ficción.

Los últimos días de Jaime Partagás nos sumerge en la vida intensa y vertiginosa del catalán nacido en Arenys de Mar, inmigrante que, en la próspera Cuba del siglo XIX, revolucionó la industria tabacalera y levantó un imperio desde cero. Visionario, audaz y obsesionado con la excelencia, Partagás no solo perfeccionó técnicas de cultivo y torcido, sino que transformó las estrategias comerciales de su tiempo, adelantándose décadas a lo que hoy llamaríamos branding y marketing experiencial.


Jaime Partagás

Pero el éxito tiene un precio


En una sociedad marcada por rivalidades económicas, tensiones políticas y ambiciones desmedidas, su ascenso imparable despertó admiración… y también odio. Lo que comenzó como competencia empresarial se convirtió en enemistades feroces, alimentadas por intereses ocultos, traiciones y deseos de venganza.

La historia arranca con un hecho estremecedor: Jaime Partagás es hallado agonizante sobre un charco de sangre en una de sus plantaciones. A partir de ese momento, el lector se adentra en un relato donde confluyen sacrificio, pasión, misterio, abusos de poder, crímenes y amor.

Miguel Sabater nos cuenta acerca de su investigación en el Archivo Histórico de Pinar del Rio consultando el expediente criminal donde constaban las circunstancias del atentado del que fue víctima Partagás, que le costara la vida.


«El expediente incoado con motivo del atentado contra Jaime Partagás era voluminoso. No podía revisarlo en el Archivo en poco tiempo y decidí solicitar los servicios de reproducción para llevar una copia a casa, donde tendría mejores condiciones para estudiarlo. Incluía numerosas entrevistas y las diligencias oportunas para esclarecer quiénes habían sido los autores del atentado. Los documentos eran tan minuciosamente descriptivos al trasmitir las circunstancias de los hechos, que la pieza documental constituía una formidable fuente histórica y literaria.

Indagando sobre la vida y desempeño industrial de Partagás en Cuba, conocí que fue mucho más que un comerciante de tabaco y el dueño de notables marcas mundialmente muy bien cotizadas en el mundo también se destacó como innovador, hasta el punto de que no sería posible comprender el desarrollo de la industria tabaquera sin considerar las novedosas aplicaciones técnicas que desarrolló, tanto en los procedimientos a los que sometió la hoja y la tierra en sus vegas, como en los de producción en la factoría y la comercialización de sus productos, por todo lo cual se le considera un precursor.

El expediente de la sumaria contenía más de sesenta entrevistas realizadas a los vecinos de la comarca donde había ocurrido el atentado en la hacienda Hato de la Cruz, más diversos documentos donde constaban diligencias practicadas por las autoridades del partido, dictámenes médicos, oficios, telegramas y algunos croquis.

El material era un auténtico hallazgo. Trasuntaba una sugestiva trama de carácter policíaco. El problema consistía en cómo convertir en libro aquel frío testimonio de un proceso de investigación criminal».


El asesinato de Jaime Partagás

Y así comienza Sabater a contarnos esta sugestiva y dinámica narración de caracter histórico, animada por el creciente suspenso de una trama policial.



En la noche del 17 de junio de 1868 fue agredido en Vuelta Abajo el notable productor y comerciante de tabacos Jaime Partagás. Iba a caballo por un sitio de Hato de la Cruz conocido como el Encinal de Pairó, cuando un desconocido salió a su encuentro y le disparó.

A las siete y media de la mañana del día siguiente su yerno José Navas, envió con un sirviente al capitán del partido de Consolación del Sur, la siguiente comunicación:

Pongo en conocimiento de usted y para los efectos que correspondan en justicia, que esta noche, entre diez y once, se ha disparado a mi padre político Don Jaime Partagás en el Encinal de Pairó, y en ocasión de regresar a esta quinta, habiéndole herido en la cara uno o dos proyectiles.

El capitán del partido informó del suceso al alcalde mayor y promotor fiscal, al teniente gobernador de la jurisdicción y a los jueces de policía de La Habana y Vuelta Abajo, y ordenó que se constituyera el instructor con dos testigos para empezar las investigaciones donde ocurrió el atentado. Debía realizarse un reconocimiento en las casas inmediatas al lugar del hecho, interrogar a los vecinos, dependientes de las tiendas y labradores de las vegas de Partagás. También se instruyó procedimiento para hacer un minucioso registro en la zona, con el fin de hallar arma de fuego o cualquier otro objeto que sirviera de indicio para llegar al criminal.

Después de la muerte de su esposa doña Catalina Puig, ocurrida a finales de septiembre del año anterior, Partagás visitaba con más frecuencia su casa de campo en las fértiles tierras de Vuelta Abajo, zona a la que según se le oyó decir muchas veces la vida lo había vinculado para siempre.

Por aquellos días cuando se produjo el atentado se realizaban las diligencias judiciales para la distribución de la herencia entre Jaime Partagás y sus herederos por la muerte de su esposa doña Catalina Puig. Partagás tenía cincuenta y dos años, y era uno de los productores de tabaco más famosos de la Isla y del mundo.

Antes del mediodía, el médico que lo atendía, Emilio Estapé, entregó su dictamen al capitán del partido, donde se aseguraba que Partagás había sido agredido con arma de fuego. El proyectil, de un centímetro de diámetro, le había producido una rozadura sobre el pómulo del lado derecho y una herida en la parte externa de la órbita que abarcaba doce milímetros y una profundidad de tres centímetros. La bala, que había impactado en dirección posterior por debajo de las partes blandas de la sien, parecía haber interesado el hueso zonal cuya probable fractura podría ser la causa del principio de derrame sanguíneo procedente de la parte baja o superior de las meninges. Su estado era de cuidado.

Para realizar los interrogatorios se habilitó un local en la quinta de Jaime Partagás, situada en la vega Vista Alegre. El instructor ordenó a su ayudante que confeccionara una lista donde se registrara nombre y localización de las personas avecindadas en la comarca.

El primer declarante fue Pedro Arias, un joven asturiano de veintiocho años, que se desempeñaba como dependiente de Jaime Partagás. Arias lo acompañaba cuando el tabaquero fue víctima del atentado.

Declaró que él y Partagás habían ido a visitar a doña Rosario González, la viuda del cosechero José Cabrizo. Salieron de la casa de su patrón alrededor de las ocho de la noche con un vecino llamado Tiburcio. Iban a caballo por el camino que conduce a Viñales y al veguerío de Pilotos. Tiburcio se separó de ellos en los linderos de su casa, y Partagás y Pedro Arias continuaron. Luego llegaron a la casa de Rosario poco antes de las nueve y se fueron a las diez y media.

Cuando se dirigían hacia la quinta de don Jaime Partagás, por el camino conocido como Hato de la Cruz, justamente en el Encinal de Pairó, los caballos se espantaron y se oyó un tiro. Pedro Arias creyó que quien había disparado era Partagás, después, al verlo en el suelo diciéndole que lo habían herido, comprendió que era un atentado.

Arias trasladó con mucha dificultad a su patrón a la casa más próxima, de la campesina Dominga Gálvez, donde lo acostaron en un catre. Dominga ordenó a su hija que le avisara a un vecino de lo sucedido para que lo informara en la quinta de don Jaime. En menos de una hora apareció su cuñado José Puig, y se lo llevó en un coche.


Este libro no solo reconstruye los últimos días de un magnate del tabaco; revela el lado humano del hombre detrás de la leyenda, y el precio que se paga cuando se desafían las reglas establecidas para cambiar la historia.

Una obra imprescindible para los amantes de la historia, el emprendimiento y las grandes sagas empresariales que nacieron en el corazón del Caribe y conquistaron el mundo.


Libro Los últimos días de Jaime Partagás

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